¿El fin de un campeón humano está cerca?
Luis
Aguilar
Desde New York
El duelo entre el hombre y la máquina en los laberintos del ajedrez sigue abierto. Por ahora el campeón de carne y hueso, el que se alegra con la victoria y se deprime con las derrotas, el que no puede dormir bien cuando sabe que ha fallado, el que es como nosotros, el ruso Vladimir Krámnik, ha defendido el honor de la humanidad. Empató 4-4 con su rival de plástico y silicio, Deep Fritz, que no se cansa ni sufre, que es impecable al momento de castigar un error, pero que no sabe que es la alegría ni tiene la menor idea de lo que es la intuición.
“Cuanto es el respeto que usted le tiene a Deep Fritz”, le indagó uno de los reporteros en la conferencia de prensa después de haber concluido en match en Bahrein. A lo cual el ruso respondió: “La última vez que un rival de Krámnik hizo tablas con negras en 21 jugadas, fue (el ex campeón mundial) Garri Kaspárov”, dijo él.
Y reconoció que su titánico duelo contra el campeón mundial entre los programas de ajedrez, le significó un esfuerzo doble al que hubiera realizado con un rival humano de su categoría. “Ocho partidas contra Deep Fritz son como 16 frente a Kaspárov”, dijo Krámnik.
El desgaste físico y el decaimiento de las fuerzas anímicas en el humano, fueron evidentes en las dos últimas partidas. Krámnik trató de sacar alguna ventaja, pero ya no tenía fuerzas. “Me sentí totalmente exhausto”, dijo el ruso después de la última partida, la más breve del match, que terminó en empate tras 21 movimientos.
En este aspecto, es preciso señalar que en cada partida del match Krámnik tuvo que pensar más que su rival, y por ende sufrió problemas de tiempo para completar sus jugadas reglamentarias. Por ejemplo en la última partida, cuando el ruso ofreció el empate, él había usado una hora y media de las dos horas disponibles para los primeros 40 movimientos, mientras Deep Fritz solo había usado 25 minutos.
“Hace jugadas de humanos”
Otra desventaja que sufrió Krámnik fue el aplazamiento del duelo por un año.
Kramnik dijo que había encontrado a la última versión de Deep Fritz 7 “mucho más fuerte” que la versión (6) con la cual debería haber jugado hace un año atrás.
Originalmente el match estaba previsto para jugarse en octubre del año pasado, pero fue suspendido tras los sucesos del 11 de Septiembre en Estados Unidos.
“Es más fuerte no-solo en términos de calcular jugadas (4.5 millones de posiciones por segundo en una computadora con 8 procesadores Pentium Xeon de 900 MHz cada uno), sino también en términos de jugadas posicionales”, dijo Krámnik sobre su rival cibernético. “Hace jugadas de humanos”, agregó.
Aunque hay decir que, a diferencia de lo que le ocurrió a Kaspárov hace cinco años en New York (quien no tenía ningún conocimiento de cómo jugaba Deep Blue, la supercomputadora de IBM, que corría en dos torres de 32 procesadores con 200 chips diseñados especialmente para jugar ajedrez, y que calculaba entre 100 y 200 millones de jugadas por segundo), un mes antes del duelo en Bahrein, Krámnik tuvo la oportunidad de entrenarse con la última versión de Deep Fritz 7.
Este conocimiento de Krámnik rindió sus frutos cuando en la segunda partida el ruso, con las blancas, jugó una novedad teórica en la novena jugada que desconcertó a su rival. La máquina jugó erráticamente el medio juego y tras una brillante partida estratégica Krámnik ganó en 57 movimientos.
El ruso demostró en las cuatro primeras partidas (dos victorias y dos empates) la estupidez de los ajedrecistas de silicio cuando se trata de establecer planes estratégicos a largo plazo, en posiciones donde la capacidad de calcular tres millones de jugadas por segundo no sirve de mucho. Allí la intuición humana es aún superior.
Como Frankstein
Tras las cuatro primeras partidas, Krámink iba ganando cómodamente 3 a 1, y muy pocos apostaban por la máquina. En la segunda mitad del match, sin embargo, todo fue inversamente diferente.
El holandés Frans Morsch, el padre de la criatura de plástico y silicio, encontró un camino en el laberinto: configuraron la máquina para que evitase en lo posible la desaparición temprana de las damas. De esa manera aumentaban las posibilidades de complicar el juego y provocar errores humanos.
El programa, obedeciendo las órdenes de sus creadores —como un Frankstein— mantuvo las damas y presionó a Krámnik de manera tal que éste cometió un grueso error en la quinta partida. Y en el espectacular sexto juego, el humano se embarcó en un ataque que solo un perfecta defensa de la computadora pudo salvar la posición de las negras. Y sólo un día después (como le pasó a Kaspárov en la segunda partida con Deep Blue, en 1997) Krámnik supo que él podía haber empatado, aunque hubiera sido una tarea titánica del humano lograrlo. Esto fue un golpe psicológico para el ruso.
En las dos últimas partidas el ruso enfundó los sables para evitar un harakiri.
Revancha a la vista
”Hemos aprendido mucho de esta experiencia, y hay mucho de lo que podemos hacer para incrementar la fuerza de juego de Fritz”, dijo el holandés Frans Morsch, creador de Fritz en 1991.
Frederic Friedel, el presidente de la compañía alemana ChessBase, que produce y comercia el programa, comentó: “Una de las preguntas que constantemente nos hacen es si Fritz será mejor que el campeón mundial. Yo creo que lo será. Tácticamente (como lo demostró en la sexta partida) Deep Fritz es un monstruo y siempre coloca a sus rivales bajo presión”.
Y un duelo de revancha ya está en conversaciones. “Krámink ha aprendido mucho también y para un futuro match él se preparará de una manera diferente. La pregunta es, ¿quién aprenderá más rápido?”, dijo Friedel.
Seis trillones por segundo
Vladímir Krámnik se marcha de Bahrein con 800,000 dólares más en su cuenta bancaria, el premio que le correspondió por haber empatado el match en Bahrein, pero con la idea en mente de que algún día, en pocos años, el mejor ajedrecista del planeta será un programa de computadoras navegando por las hiper velocidades de un chip de silicio.
Después del match, “es claro que el mejor programa (de ajedrez) en el mundo y el campeón mundial son aproximadamente iguales”, dijo Krámnik. Y en un tono profético predijo que en el futuro los humanos no tendrán chance contra los programas de ajedrez. “Pero creo que aún tenemos algunos años por delante”.
¿Cuánto tiempo? Quizá dentro de una década o ahora mismo.
En el ámbito de las computadoras comerciales, de acuerdo a como avanza la tecnología, es probable que dentro de 5 a 10 años, cuando los chips sean cientos o quizá miles de veces más veloces que los actuales, el reinado de un campeón humano habrá terminado.
Pero quizá hoy mismo ese reino puede tener su fin si se hiciera un programa que pueda correr en las supercomputadoras que existen hoy, como la Terrascale de la compañía Compaq, que tiene 3,024 procesadores y es capaz de hacer seis trillones (6 millones de millones) de cálculos por segundo.
Aun así el reto en el ajedrez es inmenso. “El número de jugadas posibles en el ajedrez es mayor que el de átomos en el Universo”, dice el español Enrique Irazoqui, el árbitro del duelo entre Krámnik y Fritz. “ Quizá con las computadoras cuánticas, si llegan a existir, se avance mucho”, pero eso está muy lejos.
El próximo duelo
Y si la interrogante de quién es mejor, el hombre y la máquina, es aún una incógnita, tal vez no esperemos mucho para saber la respuesta.
El próximo duelo entre las neuronas y los chips, de gran expectativa, está anunciado a jugarse a partir del 2 de Diciembre próximo, en Jerusalén (Israel). Allí Kaspárov se enfrenta al programa Deep Junior, que fue eliminado por el programa Deep Fritz, en el match final entre computadoras para decidir al retador de Krámnik, en el match que acaba de finalizar.
Para Kaspárov es un especie de revancha a su humillante derrota ante Deep Blue en 1997.